Una escuela para debatir

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Maria Muñoz – Hace tres años la cooperativa de energías renovables Som Energia decidió que los socios necesitaban un espacio para debatir, sobre todo conocerse cara a cara, más allá de los temas, siempre cerrados, que se podían hablar en las asambleas. Así nació la Escuela de Septiembre, que el próximo mes celebrará su tercera edición y que por primera vez sale de Cataluña, donde tiene su sede social esta cooperativa, que produce y comercializa energía eléctrica en todo el país. La cita para esta ocasión será Valencia.

“Es un espacio donde podemos debatir con más tiempo y sin los temas tan acotados que llevamos a las asambleas”, señala Marc Roselló, del equipo técnico. Las jornadas, que se celebrarán durante todo el fin de semana del 19 al 21 de septiembre, son el momento, afirma, para “informarnos y encontrarnos cara a cara los socios”. La entidad, que nació hace cuatro años, tiene ya más de 15.600 cooperativistas. El 60% está en Cataluña pero el número va creciendo por todo el país y ahora en comunidades como Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón y Navarra se concentran la gran mayoría del resto de socios. La última asamblea, celebrada el pasado julio, se retransmitió en directo en 14 sedes, por lo que la Escuela de Septiembre es la oportunidad para conocer en persona a todos esos socios que se ven solo a través de la tecnología. Sigue leyendo

El día en que seguí el consejo de Mafalda y me bajé del mundo

Mirando las estrellas, perfectos lunares sobre el rostro del cielo, Mafalda se preguntaba: ¿por qué habiendo mundos más evolucionados yo tenía que nacer en éste? Hace poco me tropecé con un titular que me recordó la duda de Mafalda, decía: “con tres días de paz en el mundo se podría proporcionar una educación primaria básica para todos los niños de países de bajos ingresos”. Lo declaró Renato Opertti, coordinador del programa de Construcción de Capacidades Curriculares de la ONU. Sí, es cierto, educamos al mundo con tres días sin ejercitar el fructuoso negocio de la guerra.

De nuevo recordé a Mafalda: “Hoy entré al mundo por la puerta trasera. Ese día, como Mafalda, había entrado el mundo por la puerta de atrás. Entonces pensé que el mundo, que este mundo que tenemos, el único que conocemos, es un lugar extraño: sólo el presupuesto de la fuerza aérea estadounidense es mayor que todos los presupuestos en educación de todo el Tercer Mundo, por ejemplo. Este mundo es raro, volví a pensar, raro e injusto, ¿ o acaso es justo un mundo donde muere un niño cada seis segundos a manos de la desnutrición, mientras se gasta en armas un millón de dólares por minuto?  

Otra frase de Mafalda me interrumpió la caminata: “paren al mundo, que me quiero bajar”, había dicho. Y eso hice: me bajé del mundo, me fui, dejé que siguiera funcionando, pero sin mí, por lo menos esa tarde de caminar y recordar datos y cosas raras. Ya afuera, seguí pensando que el mundo es un lugar extraño. Recordé, por ejemplo, una conferencia de Ignacio Ramonet, donde exponía que un tercio de la humanidad, que habita este mundo tan rarito, vive con menos de un dólar al día. Y mientras sobrevive aquel tercio de la humanidad, una vaca europea recibe 4 dólares de subvención diaria. ¡Hemos creado una civilización en que a los gobiernos les importa más una vaca que un ser humano!, con todo mis respeto a la vacas, que no tienen culpa. Ni Al Capone podría haber soñado con un crimen tan organizado.
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Si quieres otra sociedad, consume diferente

consumo diferenteToño Hernández – Comisión de Moneda

“Los ciudadanos votan cada cuatro años (y no todos), los mercados cada día”. Ésta es una frase que sirve para justificar la supeditación de la política a la economía, y más concretamente a los mercados financieros especulativos. En la medida que, como consumidores y ahorradores, formamos parte del mercado, disponemos de cierta capacidad para favorecer unas u otras prácticas económicas según a quien “votemos” con nuestro acto de comprar. Es indudable que política y economía están muy entrelazadas, pero para que mande la primera sobre la segunda es necesario tener instrumentos que apuesten por la primacía de lo social.

El Mercado Social se configura como un proyecto político-económico de reagrupamiento de personas, empresas y organizaciones para disputar en mejores condiciones y de manera solidaria, la hegemonía al capitalismo en el terreno económico, en confluencia con otros movimientos sociales y políticos que rechazan la ideología dominante. En el nivel más básico, podemos decidir comprar en una gran superficie o en un pequeño comercio solidario; tener nuestros ahorros en la banca especulativa o en la banca ética y cooperativa; al contratar nuestra luz, podemos apostar por engordar a las grandes eléctricas o a comercializadoras cooperativas como Som Energía. Según lo que hagamos, estaremos concentrando el poder de decisión en los pocos de siempre o estaremos distribuyéndolo entre multitud de actores.

Pero el poder “disperso”, si no es consciente de sí mismo y de sus iguales, queda diluido y con escasa capacidad de incidencia. “La unión hace la fuerza”, y éste es el gran valor añadido del Mercado Social como lugar de encuentro. Además de la existencia de espacios de participación para que, en la medida de nuestras posibilidades, determinemos las prácticas y metodologías de otra forma de hacer economía. Tenemos asumida la necesidad de organizarnos para conseguir derechos, libertades y reivindicaciones, pero el capitalismo ha conseguido convencernos de que el mercado es un espacio perverso que lo “mancha” todo. Sigue leyendo

HAY esperanza, podemos hacer una sociedad distinta “Radicalmente Alternativa”

civiles2No hablamos de parches, de ligeros retoques o de matices. Se trata de construir una sociedad distinta, “radicalmente alternativa”. Los pasos para su consecución han constituido el objeto de trabajo durante años de un grupo de economistas descontentos. Con la utopía en el horizonte, pero pegados a la realidad, en lo que podemos hacer “aquí y ahora”. Lo que sigue es en que tratamos de hacer un retrato de una esperanza. Algunos ya han empezado.


Texto: Juan Luis Gallego.

Sí, pero ¿cómo? Esa es la pregunta contra la que choca una y otra vez el creciente rechazo del modelo capitalista actual. ¿Realmente es posible el cambio? ¿Hacia dónde? ¿Qué puedo hacer yo? El informe “Reflexionando sobre las alternativas” es, probablemente, el más serio intento de dar una respuesta elaborado hasta ahora. Obra del Seminari D´Economia Crítica Taifa –un grupo de economistas, pero no solo, descontentos con el enfoque económico dominante en las universidades actuales, “completamente monopolizadas por la corriente de pensamiento neoclásico y neoliberal”-, el estudio, de casi 300 páginas, es el fruto de años de trabajo afrontados con una vocación práctica y realista, “sin sueños falsos”. Es una propuesta para avanzar, dicen sus autores, “aquí y ahora”. No para poner parches al sistema actual.

Una reforma fiscal, una banca ética o una disminución de la jornada laboral, por ejemplo, son instrumentos, pero no constituyen una alternativa. De lo que se trata es de “subvertir la sociedad existente”, cuestionando su base, “el capitalismo”. Y, además, con una vocación integradora, capaz de vehicular hacia el mismo objetivo a todos los que compartan el fin último, sea cual sea su prioridad: si uno quiere salvar ballenas mientras otros luchan contra los desahucios, perfecto; probablemente ambos acabarán encontrándose al final del camino. Eso sí, en el proceso los métodos son tan importantes como el objetivo: debe ser una lucha de abajo a arriba, con procesos de toma de decisión colectivos y sin jerarquías.

Es tal su intención de realismo que los economistas de Taifa advierten de que, probablemente, nunca llegaremos a esa sociedad ideal –“utópica”, dicen-, pero no hay más remedio que avanzar hacia ella “porque la peor opción es continuar con lo que existe”. Y, además, es obligado hacerlo en una lucha condicionada por la realidad actual, en la que los que queremos el cambio “no tenemos el poder” y los partidos políticos y los sindicatos, si bien han jugado un papel fundamental en determinados contextos históricos, ahora son “agentes muy debilitados del cambio social”.

Hay, por tanto, que vencer al capitalismo desde el capitalismo, con las contradicciones que eso conlleva. Este artículo no es más que un resumen de ese trabajo, un intento por definición simplista de compendiar en unas pocas ideas lo que, a todas luces, constituye un camino hacia la esperanza y una invitación a la lucha.

1 El punto de partida

El informe de Taifa parte de la base de que “el capitalismo en el que vivimos supone básicamente una sociedad injusta y depredadora, que ha fracasado socialmente, ha hecho colapsar la idea de democracia y se ha manifestado inviable ecológicamente”. No caben, por tanto, “medidas parciales, con instrumentos paliativos y de reforma que aligeren las injusticias y desigualdades que engendra la dinámica de acumulación propia del capitalismo, con intentos de racionalizarla o humanizarla”. Sigue leyendo